Adrian Cole construyó Vantex durante veinticinco años prestando atención a detalles que otros pasaban por alto.
Pequeñas discrepancias. Patrones que casi tenían sentido. Hilos que, al ser manipulados con detenimiento, desembocaban en algo inesperado.
Ahora estaba haciendo lo mismo con el archivo.
No porque nadie se lo hubiera pedido. Porque el reconocimiento público debía transmitir una sensación de resolución. Y así fue, por un instante. De pie en aquella sala, escuchando a Richard pronunciar