Al día siguiente, Stacy llegó a Crestline antes de las siete de la mañana. Eleanor ya estaba allí. No anunciaron lo que estaban haciendo. Ni una solicitud de reunión. Ni una anotación en el calendario. Ni un rastro de correos electrónicos. Solo dos mujeres en una oficina con la puerta cerrada antes de que llegara nadie más.
Eleanor trajo tres años más de archivos. Esta vez, en formato físico. Impresos. Firmados y con fecha. De esos que nunca se pueden acceder de forma remota ni borrar digitalme