Si había algo que odiaba más que la lluvia de Boston y la falta de dinero, era que me ignoraran. Y anoche en la gala, Nathaniel Cole no solo me ignoró: actuó como si yo fuera una columna más del salón de banquetes.
Puse mi mejor vestido, me convertí en la atracción principal de la fiesta, dejé que un asistente misterioso me metiera ideas raras en la cabeza y ¿qué recibí a cambio? Un hombre que interpretó el papel de esposo abnegado con la precisión de un actor de Oscar. Durante horas, se mant