Scarlett
Llegué a mi hotel con las manos tan entumecidas que me tomó tres intentos encajar la llave en la cerradura. El pánico era un animal salvaje arañándome la garganta desde por dentro. Cerré la puerta de un portazo, fui directa a la cocina, agarré una botella de cerveza del refrigerador y la destapé con los dientes, sin molestarme en buscar un destapador.
El trago amargo me quemó el pecho, pero no logró apagar el fuego que me consumía. Con los dedos tembland