—No te atrevas a burlarte de mi dolor, Nathaniel Cole —gemí, hecha un auténtico ovillo sobre el sofá de la oficina , mientras me abrazaba el abdomen con ambas manos—. Esa pizza de piña con jalapeños y extra de queso era una obra de arte conceptual. Mi estómago simplemente no estuvo a la altura de semejante genialidad gastronómica.
Nathaniel dejó la taza de té de manzanilla humeante sobre la mesa de centro de caoba. Hacía un esfuerzo sobrehumano por mantener la compostura y la línea recta de