El peso de la confesión se había quedado atascado en mi garganta, latiendo como un pulso desbocado mientras estaba atrapada en el refugio de sus brazos. Tenía las palabras exactas marcadas en la punta de la lengua pero mi cuerpo simplemente colapsó.
No sé en qué segundo exacto la mentira me dio una tregua y me quedé dormida contra su pecho.
Desperté de golpe con el dolor punzante y habitual de espalda que solo el viejo sofá hundido de mi amiga podía regalarme.
Luego de eso el gran evento lle