Gregory Graham tomó la toalla del sirviente a su lado, se limpió las manos, se acercó y preguntó: “¿Lo han pensado?”.
Los dos asintieron.
Gregory miró profundamente a Nell y sonrió.
“En ese caso, hablemos en la sala de conferencias”.
Solo entonces el trío se dirigió a la sala de conferencias.
Los tres habían hablado hasta que se hizo tarde.
Nadie de afuera sabía de qué habían hablado. Solo que para cuando volvieron a salir, el cielo ya estaba brillante y ya era la mañana siguiente.
Al mis