Esa noche, cuando Xavier llegó a casa, sus agudos sentidos detectaron inmediatamente que Natalie no estaba de buen humor.
Su rostro estaba extremadamente amargado como si algo desastroso hubiera sucedido.
Ahora que sus dos hijos ya no vivían en casa, Xavier era la única otra persona en la casa.
Si algo la hacía enojar, debía ser culpa suya. Después de todo, Natalie no se pondría así por el error de un sirviente. Desde ese aspecto, ella era bastante tolerante.
Si uno de los sirvientes cometía