“A… Ale...”. Lily trató de abrir la boca para hablar, pero Alexander la silenció colocando su dedo sobre sus labios.
“No digas nada”.
Lily solo pudo mirarlo fijamente en silencio. Al estar tan cerca, podía ver cómo se movía su nuez de Adán, y ese movimiento natural le resultaba atractivo por alguna razón. Alexander bajó lentamente la cabeza y presionó sus labios sobre los de ella.
Ya que Lily acababa de salir de la bañera, su cuerpo aún estaba húmedo. Alexander la había cargado desde