Tenía la intención de mantener un aire de mística.
Agarrando una toalla, Alexander se inclinó y se secó el sudor de la frente.
—Para un rato y toma un poco de té.
—Se ve bien. —Limpiándose el sudor de la cara, se dirigió al enclave sombreado bajo el cenador, donde sintió alivio después de unos sorbos de té.
—Sobre este fin de semana...
Extrañamente, Alexander pareció vacilar cuando se dirigió a ella.
—¿Sí? —Ella arqueó las cejas y lo miró con curiosidad.
—Me gustaría que fuéramos