Esa noche, al salir de su oficina con sus cosas empacadas, Lily vio el auto de Alexander afuera.
—¿No te dije que no tenías que recogerme? —Suspiró derrotada. Aunque ella había conducido hasta allí, ahora su auto tendría que quedarse estacionado nuevamente, ya que él estaba allí para recogerla.
—Hoy no estuve ocupado —respondió él, apoyándose contra la puerta del auto.
El sol poniente lo iluminaba, creando un borde dorado alrededor de su figura, como si estuviera brillando. Abrió la puerta