Alexander deliberadamente se hizo parecer más vicioso y acercó a Lily. Habló en voz más baja mientras tocaba su frente sobre la de Lily:
—Ya que soy un hombre tan aterrador, ¿no tienes miedo de enfrentarme todos los días?
Al verlo hacer muecas a propósito, Lily se rio aún más fuerte y contenta. Su corazón hosco parecía más tranquilo.
—¿Por qué debería tener miedo? ¿Debería preocuparme de que me comas?
—¿Entonces no tienes miedo? —Sosteniendo su barbilla, Alexander resopló.
—¡No! —Lily