Frank preguntó con sospecha: “¿Qué quieres decir?”.
Melanie sonrió, pero su desdén era evidente en sus ojos. “¿No tienes algo que te hace muy feliz? Puedes compartir ese algo con ella, ¿no?. Una vez que esté contenta, de seguro se volvería adicta a ello y ya no podría dejarte, ¿verdad?”.
Frank entendió inmediatamente lo que insinuaba. Le dio una palmadita en el hombro y asintió.
“¡El corazón de una mujer es realmente la cosa más venenosa del mundo! ¿Por qué no te doy una probadita y dejo que