41.

Llegamos al sitio en cuestión, era un bar muy elegante. No podía creer que fuera el manto de tan horrible negocio, Antuan me pidió que actuara como confundida, ya que le haría creer al proxeneta que había venido engañada pensando que trabajaría como camarera o mesera. Al bajarnos del taxi sentí mis piernas flaquear, no podía estar más nerviosa. Respiré profundo y le di un asentimiento a Antuan de que estaba lista, &e

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