Joshua sintió como si su sangre se hubiera enfriado. Agarró su teléfono con fuerza y pronunció lentamente: "Eso es imposible".
"Pero...". La voz frenética de Lucas sonó desde el otro extremo de la línea. ‘‘¡Se subió a la barandilla del Puente de la Bahía! Señor... ¿debería llamar a la policía?’’.
Joshua había tratado de recomponerse, pero tan pronto como escuchó eso, su fachada tranquila se derrumbó. Rugió en el teléfono: "¡Vigílala!".
Con eso, colgó el teléfono y salió furioso de la habita