“¿Mi padre está abajo?”.
Él bajó de la cama con la bata sobre los hombros. “Iré a lavarme. Tú deberías arreglarte y levantarte también. Pídele a los sirvientes que te preparen lo que quieras para el desayuno”.
Él actuó con tanta naturalidad como si esta no fuera la primera vez que algo así sucedía entre ellos.
Observando su ancha espalda, Luna se mordió el labio. “Joshua”.
Él se detuvo.
“¿Qué más quieres decir?”.
Él abrió la boca, sin siquiera molestarse en darse la vuelta, su voz era fría