Gabriel dejó a su cliente con la palabra en la boca y salió corriendo con el rostro desencajado, sintiendo que el corazón se le escapaba por el pecho y que el oxígeno no era suficiente para llegar a sus pulmones —“parece estar muerta” — las palabras de su chofer le retumbaban en la cabeza haciendo que cada segundo que tardó el ascensor en descender hasta el estacionamiento se sintiera como una eternidad.
—¡¡¡Connie!!!— gritó cuando al fin el elevador se abrió y ante sus ojos la escena de su muj