La sonrisa de Ximena al soltar las barras y comenzar a caminar libremente sin ayuda hizo que a Connie se le llenaran los ojos de lágrimas de felicidad. Era maravillosos ver cómo había logrado ya comenzar a caminar sin ayuda y podía moverse sin sentir dolor y sobre todo sin miedo a salir lastimada.
—¡Mamita, lo logré! — gritó y corrió hacia los brazos de la mujer que consideraba su madre — ya no me duele nada, ya no siento nada, puedo volver a correr — repetía la niña emocionada de por fin dejar