Isabella
El coche entró en un gran camino de entrada. Había luces encendidas dentro, pero afuera parecía vacío. La mansión era enorme, toda de piedra oscura y ventanas altas. Como algo salido de una película, pero no tenía ganas de mirar. Solo quería correr de nuevo.
En cuanto nos detuvimos, intenté abrir la puerta.
—¡Para el coche! ¡Déjame salir! —Pero el conductor bloqueó las puertas. La voz de Luca volvió a sonar desde el frente.
—No me obligues a arrastrarte adentro, chica.
Me quedé all