Capítulo 3: Negociar

Narración de Kendrick

No podía dejar de preocuparme. Apenas he recibido la noticia de que mi hijo había aparecido y la ubicación que me han dado es un hospital. Por lo que, el miedo de que algo le haya pasado, me invade.

El auto se detiene y yo corro hacia la recepción de urgencias en busca de información de mi hijo, pero, antes de poder preguntar por él, una ambulancia llega con mi hijo llorando encima de un cuerpo.

— ¡Taddeo! — llamo a mi hijo y él no me presta atención. 

Corro hacia donde él esta mientras los paramédicos hablan sobre la condición de la mujer. El pequeño tiene sangre en sus manos y yo lo alejo de la camilla a la que él se aferra con desesperación

— Taddeo, soy yo, papá — digo intentando calmarlo.

— Déjame con mamá. Quiero estar con mamá — dice Taddeo y yo me sorprendo al escucharlo decir más de una palabra.

— Deja que la atiendan, ella está enferma. Deja que los médicos la atiendan. — digo sin saber que está pasando.

El pequeño la suelta y yo lo abrazo para después colocarlo en una silla y revisar que todo esté bien con él

— Hijo…

— ¿Qué le pasó a mi hijo, madre? — pregunto molesto.

— Nosotros…

— ¿Lo encontrarnos así de lastimado?

— No es mi sangre, es la sangre de mamá — dice Taddeo y yo intento procesar lo que me está diciendo.

— ¿Desde cuando habla tanto? — pregunto confundido.

— Bueno…

— No importa, lo llevaré al hospital familiar. — digo cargando al pequeño que grita, me araña y muerde para que lo suelte.

— ¡Debo saber cómo está mi madre!

— ¡Ella no es tu madre, Taddeo! ¡Deja de actuar como un bebé y pórtate bien! ¡He perdido un día entero de trabajo buscándote y ahora necesito que te revisen! Después de eso, puedes decirme todo lo que quieras.

>> Pero, así no, Taddeo. Aunque tengas algo importante que decirme, no voy a prestarte atención. Si vas a negociar algo conmigo, primero debes estar limpio y con la seguridad de que no te hiciste daño. — digo con seriedad y él cruza sus brazos en señal de molestia.

Taddeo me observa con enojo, pero, yo lo ignoro y como le había dicho, nos marchamos hasta el hospital pediátrico donde lo revisan completamente, mientras me informan lo que sucedió realmente.

— ¿Cómo es posible que algo así sucediera, madre? Estaba babo tu cuidado. — digo con molestia.

— Lo sé y lo siento. Taddeo es muy rápido, cuando quisimos ver, ya estaba corriendo en la carretera, solo porque la vio cruzando la calle. 

— ¿Quién es esa mujer? ¿Lo ha manipulado de algún modo para que se comporte así?

— No la conozco, ya he mandado a investigarla — dice mi padre, mientras se escuchan gritos de Taddeo.

Respiro profundo e ingreso a su habitación, donde lo veo mordiendo a los presentes como si fuera un perro salvaje que no permiten que lo toquen.

— ¿Qué está sucediendo? — pregunto mirando hacia el pequeño que se cruza de brazos mirándome con enojo.

— Señor, todo estaba bien hasta que intentaron quitarle la ropa. — informa la niñera y yo suspiro profundo.

— Tiene sangre, debes cambiarte de ropa.

— ¡No!

— ¿Por qué te aferras a una ropa que no es tu estilo? Solo debes ser un buen chico al menos ahora y deja que los adultos hagan su trabajo. — pido y él niega.

— Ropa mamá — dice Taddeo con enojo y yo suspiro profundo al comprender lo que sucede.

— Márchense, necesito hablar con el impertinente frente a mí.

Todos se van y Taddeo se gira para mostrarme su descontento, quedando de espaldas a mí. Por lo que, yo tomo una silla y espero que él decida girarse. Al ver que no lo hace, decido hablar.

— Este es tu momento de oro, si no lo aprovechas por tus berrinches, no tendré otra opción que marcharme y si eres muy problemático, llevarte a un campamento con educación militar o algo parecido que te haga un niño obediente. — digo y él se gira para mirarme y negar.

— No, por favor.

— Habla. Dime, ¿Qué es lo que sucede? Es tu tiempo de negociar conmigo. Así que, aprovecha este momento, porque no habrá uno así más tarde.

— Quiero a mamá.

— Ella no es tu madre. — le digo con seriedad y él nubla su vista por la acumulación de sus lágrimas.

— Ella es mi madre. Lo es. — dice Taddeo con firmeza, después de secar sus lágrimas

— Es una mujer extraña. No deberías…

— Cásate con ella. Será mi madre. — dice Tadeo interrumpiéndome y yo no sé qué decir.

Las novias que he tenido, no han podido siquiera estar a un metro de Taddeo. Siempre las ha ignorado o simplemente, las observa con odio. Así que, no logro entender que es lo que sucede con la mujer que vio hoy.

Sin saber cómo procesar que mi hijo diga más de una palabra, me quedo observando al pequeño que se ve determinado a hacerme enojar. Es en ese momento que alguien toca a la puerta y después de mi permiso para ingresar, entra con un sobre que tomo.

Sonrío cuando veo la información allí al punto que mi hijo camina curioso hacia los documentos, quitándome la foto de la mujer por la que ha hecho algo tan imprudente como cruzar la carrera con el semáforo en verde.

Taddeo, de inmediato, arranca la fotografía de la mujer y se sienta en la camilla, donde acaricia la foto con una sonrisa.

— Mamá… — susurra para después mostrarme la foto con una sonrisa. — Mamá.

— Entonces, lo que quieres es que me case con ella, ¿no es así? — pregunto y Taddeo asiente energéticamente — No te escucho.

— ¡Sí! — dice Taddeo de inmediato y yo sonrío satisfecho.

Taddeo había recibido tanta terapia para que hablara y ahora, lo hace sin algún tipo de presión. Era evidente que la mujer por la que había corrido llamando madre, era una influencia importante en él. 

Es como si me mostrara cuál será su debilidad y medio de negociación, por lo que, sonrío satisfecho. Por su desaparición, había perdido una reunión de negocios importante, pero, he logrado un negocio mucho más valioso justo ahora.

— Le diré que sea mi esposa entonces. Pero, es su decisión aceptarme o no. Así que, debes entender que si no es posible, no es mi culpa. Ella lo decidirá y no puedes intervenir, ¿lo entiendes? — pregunto y Taddeo levanta su mano en señal de juramento.

— Hijo…

— Ahora hablaremos, madre. Primero, daré una última advertencia a mi hijo — digo cuando mi madre entra a la habitación con preocupación. 

— Está bien, te espero afuera. — dice mi madre marchándose y yo vuelvo a mirar al pequeño que me observa con seriedad.

— Si vuelves a hacer alguna travesura como esta, Taddeo, el trato se cancela. Si no aceptas tus profesores, no copias tu clase, no quieres comer vegetales o simplemente te escapas de la casa, el matrimonio se cancela. 

Mi hijo se queda pensativo. Sabía que eran muchas condiciones. Es como si le prohibiera ser el niño malcriado y que fuera un chico obediente de la noche a la mañana. 

— Acepto. — dice Taddeo y yo me sorprendo.

Parece que he comenzado un negocio muy bueno.

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