Corro dentro de la casa para guiarme del sonido que no deja de llenar la casa, ¿Dónde estás Reece?, no debí dejarlo solo, pero tenía una expresión siniestra que mejor decidí dejarlo solo, al parecer esto le afectó más de lo que quería mostrar.
Llegó a las escaleras que dan al segundo, piso, pero escucho mejor y el sonido viene del sótano, niego porque el condenado no es imbécil, mi marido es muy inteligente, aunque Roce crea que no.
Corro hasta la puerta y la abro viendo las escaleras llenas