Llegamos a la habitación y tuve que esperar una maldita eternidad hasta que el condenado se duchara y cambiara, no entiendo para qué tenía que hacer eso, solo hablaríamos, no era como si fuéramos a una fiesta de gala.
Suspiro viéndolo salir del closet con su habitual traje, haciéndome gruñir.
—¿Es en serio Reece?, vamos a tener una conversación, ¿Por qué te pusiste eso?
—Jamás se puede perder el estilo Amore Mio —bufo con fastidio, esta demente ya no hay duda de eso.
—Como sea, ¿puedes hablar