A medida que avanzaba la noche, Ari se emocionó tanto que pensó que iba a reventar. Al principio, empezó a comprobar su reloj cada hora, y luego pasó a hacerlo cada media hora. Ahora lo miraba cada quince minutos.
—¿Quieres sentarte, por favor? —Grayson estaba claramente preocupado por ella y el bebé. Si por él fuera, la envolvería literalmente en plástico de burbujas como había dicho, hasta que diera a luz.
—Estoy bien —respondió. Cruzó los brazos sobre el pecho y siguió caminando. Luego s