Xavier:
Dentro de mí pecho, mi corazón pesa.
Acaricio su mano con mis dedos, y ella me mira, con seriedad.
En su cuello, están las marcas de las manos de Alonso, y la ira recorre mi torrente sanguíneo.
—Perdóname.- susurro. – nada de esto debió ocurrir. Todo el infierno que has vivido hasta hoy ha sido enteramente mi culpa.
—Lo sé.
Trago en seco.
—Lo planeaste todo, ¿no es así Xavier? Utilizaste la deuda de mi padre para asegurarte de que yo terminara en aquel burdel, me compraste, me engañaste