Leonid.
Calmar mi sed de venganza no era suficiente, no había calmado la furia que corría por mi cuerpo aun cuando su cuerpo seguía tibio bajo mis pies.
Había cometido el error de una vez confiar en una mujer y había sido mi destrucción y Jade arrebato lo poco bueno que quedaba en mí.
Todavía podía recordar mis manos sobre el cuello de Raisa, cuando dejo las fotos en mi escritorio, las ganas de matarla, esa maldita arpía.
Que mencionara esos emails me hizo perder la paciencia, no los tenía por