—No creo que alguien que viva aquí sea el adecuado para criar a una niña. —dijo Iker, con su mirada severa inspeccionando las deterioradas y manchadas escaleras. —¿Estás segura de que importa si está vivo?
—El es su padre. —respondí, era injusto que le hubieran dado la tenencia a él, pero así eran las cosas. —El juez le otorgó la tutela a él.
—Eso puede cambiar. —dijo él, con los ojos chispeantes, sabía que era tan rico que podía convencer a la gente de que yo era una mejor tutora.
—Primero hay