Abigail llegó a mi cuando el sol iluminó mis ojos y me obligó a despertar. Mi cabeza era un nudo apretado de tantos cambios. Mi parte humana, estaba agotada de intentar unir mis dos facetas y ansiaba seguir durmiendo hasta tarde.
—Oye… Vuelve más tarde… —empecé a decir, pero la puerta se abrió y ella entró, con un cuaderno en las manos y una mirada severa.
—Debes despertarte, hoy entrenas conmigo y no me gusta esperar. —dijo, con el ceño fruncido. Llevaba un traje impecable deportivo que parecí