6 ¿TOMAN ALGO?

Justo cuando estaban saliendo, Alejandro, el amigo de Ricardo, saludó a una vieja amiga de otros talleres.

La curiosidad de Ricardo lo estaba asfixiando y no pudo evitar preguntarle a la Maritza.

—¿Quién es ella? —dijo, mientras apuntaba discretamente con el dedo en dirección a Valeria, que se encontraba con otros compañeros.

—Se llama Valeria, es nueva ¿Por? —la forma en que se lo preguntó, le decía que sospechaba cuál era la respuesta a esa pregunta.

—Nada solo que no la había visto antes y es muy guapa —una verdad a medias, obviamente le había parecido atractiva, pero no lo admitiría delante de nadie la verdadera atracción que sentía hacia ella.

—Así es, es el primer taller al que asiste y si es guapa… y casada, al igual que tú —sus palabras le sentaron como golpe en el estómago, de cualquier manera, tenía razón, no debía andar mirando mujeres si él tenía la de él en casa.

—¿A qué viene eso? Yo solo preguntaba para saber quién era —mintió descaradamente y con cero convicción..

Maritza siguió su camino hacia su amiga y solo se volteó para mirarlo, con una risa burlona negando con la cabeza.

Por fin la hora de comer había llegado, los chicos se quedaron retrasados, tardaron un poco en llegar y ya casi estaban llenas todas las mesas, así que se sentaron en una que estaba cerca de la entrada.

Por un costado de la mesa pasó Valeria, se había retrasado un poco, porque necesitaba ir al tocador, se paró buscando entre la multitud donde tomar asiento, se dirigió a una del fondo, al parecer Maritza le tenía un lugar reservado.

El interés que causaba en Ricardo era más que evidente y ni él se lo explicaba. Por lo regular no le interesaba conocer personas, su misma esposa lo acusaba de elitista porque no se relacionaba con cualquiera, pero ella tenía algo que lo atraía.

Para Valeria tampoco había sido invisible cuando entró en el comedor, solo lo miró de reojo cuando entró, no podía evitar mirarlo, pero no quería que nadie se diera cuenta, principalmente él.

Ese hombre que de alguna manera le había movido el piso, “qué vergüenza si se diera cuenta” pensó.

Cuando ya casi terminaban de comer, uno de los compañeros se acercó a la mesa en donde comían las chicas junto con otros compañeros de trabajo.

—Si quieren, en la habitación 201 vamos a hacer una pequeña reunión a las 9, ahí los esperamos a todos para relajarnos un rato —comentó el chico que había llegado hasta su mesa, Valeria lo había visto junto a aquel hombre en diferentes ocasiones en que volteaba a verlo.

—¿Quién es ese? —le preguntó a Maritza.

—Alejandro, es uno de nuestros compañeros, le gusta mucho la fiesta, ya sé qué clase de reunión estará organizando —se burló discretamente y por la manera en que se expresó su amiga, hasta ella sabía qué clase de reunión organizaba.

—Pues, ¿Qué clase de reunión según tú? —quería solo confirmarlo.

—Si quieres vamos más tarde y verás —no sabía si era correcto, después de todo ya no se sentía muy joven para andar en reuniones de solteros y eso a sus 26 años.

—No, yo solo preguntaba —solo se justificó y trató de cambiar el tema.

Después de comer todos fueron a sus respectivas habitaciones, la 310, un piso arriba de la mentada reunión, era la de las chicas.

Valeria se metió a la ducha, estaba cansada y después de darse un relajante baño, se puso a ver la tele, al fin ya no tenía planes de salir.

—Vamos por unas cervezas —entró su amiga, dándose cuenta de que ya estaba dispuesta para dormir.

—No, no tengo ganas de salir, además sabes que no soy muy fan de las cervezas —en realidad era más de tequila y vino rosado, bueno, en realidad no era muy fan de beber.

—¡Ándale!, no seas amargada. Vamos, pronto regresamos y aquí nos las tomamos —le insistía.

—¡Ya! ¡ya! Va pues —lo dijo protestando, más por compromiso que por otra cosa.

A regañadientes se vistió y salieron a la tienda a comprar las cervezas. Al tomar el elevador ya de regreso, coincidieron con unos compañeros que iban a la reunión del 201, les preguntaron si irían para allá, a lo cual Maritza les dijo que no.

—Si cambian de opinión allá las esperamos, solo será un rato porque mañana  retomamos actividades —Maritza al ya tener experiencia en otras ocasiones, sabía que no sería un rato, se pasarían toda la noche en la parranda.

—Está bien, deja agarramos valor y vamos —mostrándole la bolsa de compras, refiriéndose a que primero se tomaban las chelas en su habitación.

Llegaron tranquilamente a la habitación, comenzaron abriendo un par de cervezas, platicaron largo y tendido, que aunque son amigas, ya tenían  mucho de no reunirse simplemente a platicar.

Maritza sabía de que el ogro de Manuel, no le permitiría a Valeria salir a tomar algo, así que ella prefería evitarle problemas a su amiga, porque, aunque ella tenía la decisión, simplemente no la tomaba.

Valeria, al no estar acostumbrada al alcohol, pronto se mareo y se puso alegre.

—¿Vamos al 201? —le soltó Maritza, sabía que ya estaba más desinhibida, con suerte aceptaría.

—Pues como quieras, aquí tú eres la que sabes cómo se pone este ambiente —no necesitó más afirmación, con eso se dio por bien servida, se levantó de la cama y tomó a su amiga de la mano, yendo directamente a la reunión del 201.

Bajaron por las escaleras, ya que el elevador no llegaba rápido, al fin solo era un piso.

Llegaron, tocaron la puerta y quién sabe quién sería el que abrió la puerta, fácil había como quince personas en esa habitación.

Entre risas y tragos se integraron rápido a la pachanga.

Valeria pudo notar entre la gente a ese hombre, ese que le había provocado un terremoto de emociones solo con la mirada.

Él por su parte, se acercó a ellas, necesitaba saber más de aquella chica, no podía evitarlo, pareciera que tenía un imán que lo jalaba hacia ella.

—¿Toman algo? —les ofreció un trago, necesitaba cruzar palabras con ella, por lo menos escuchar su voz, a lo cual ni eso logró, ellas solo asintieron.

—¿Cómo se llama el chico de los tragos? —le preguntó por fin a su amiga, sin quitar la mirada del chico, mientras él se retiraba a hacerles una bebida con vodka y jugo de naranja.

—Se llama Ricardo, ¿por? —Maritza estaba entendiendo que entre esos dos, había algo, y en efecto, había algo que ni ellos mismos entendían.

—Solo para ir conociendo a todos —eso ni ella misma se lo creía.

—Es guapo ¿verdad? —la mirada azorada de Valeria se posó en la de su amiga, al parecer la había descubierto y si no lo hubiera hecho por la pregunta, estaba segura que el sonrojo la había terminado de poner en evidencia. Pero era verdad, estaba guapísimo.

Valeria guardó silencio, prefirió ignorar la pregunta, que, aunque con su actitud, no hacía más que afirmar aquella atracción que sentía.

Ya no conversaron más, Maritza al ya conocer a más personas, convivía en un grupo y luego en otro, mientras Valeria permanecía sentada en una de las camas.

Maritza platicaba con el joven organizador de la fiesta, ya le había comentado a su amiga que por un tiempo habían salido, pero que no funcionó, a pesar del buen entendimiento que tenían bajo las sábanas.

Valeria ya se sentía adormilada, al no estar acostumbrada a beber y mucho menos a hacerlo primero con cerveza y después con alcohol, estaba por decidir que lo mejor era regresar a su cuarto, cuando Ricardo se acercó y se sentó junto a ella.

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