5 MIRADAS

—Buen día —Saludó Valeria a su amiga, mientras entraba a la oficina.

—Hola amiga — respondió contenta —sabes, ya tenemos fecha para los talleres que se cancelaron justo cuando te integraste a la empresa. 

—¿Mmmm? —le contestó sin prestarle absolutamente nada de atención.

Estaba sumergida en el trabajo, si bien no era el trabajo que ella en verdad quería, tenía que poner todo el empeño en eso, dar lo mejor de sí.

No fue hasta que sintió un chispazo de agua en la cara que reaccionó, miró a su amiga divertida por la broma que le jugó, traía un vaso con agua en una mano y la evidente humedad en la otra, con la que la había salpicado.

—¡Oye! ¡Loca! —le decía entre risas —¡¿Qué te pasa?! —le reclamó, mientras limpiaba el agua.

—Pues no me haces el mínimo caso —se defendió.

—Es porque yo, si, estoy trabajando —le decía mientras iba a donde estaba la jarra del agua y se servía en un vaso.

Tomó el contenido de este y cuando ya casi estaba por terminarlo, le lanzó el resto a su amiga, dejando el agua por todo su rostro.

Ambas parecían niñas chiquitas, se rieron a más no poder, hasta que Maritza retomó la palabra.

—¡Ya! me rindo — puso las manos frente a ella en defensa —. Te decía que ya hay fecha para el taller, verás que están bastante interesantes —le dijo sincera.

Y no mentía, los talleres eran bastante interesantes. Además de orientarlos al trabajo, también servían de relajación para los empleados. Unos días fuera de casa, con talleres dinámicos, y tardes de ocio, eran perfectos.

—Pues esperemos que sí —le contestó mientras regresaba a su silla.

—Lo que más me encanta es que son como unas vacaciones de tres días y dos noches para todos —le decía mientras se estiraba en su asiento.

La mirada asombrada de Valeria no la tomó por sorpresa, se esperaba que pondría algún “pero” a ese pequeño detalle. Estar fuera de casa, para ella no era una opción.

—Tendrás que decirle que es cosa de la empresa, es obligatorio para todos los empleados, así que se ch1nga —si, era eso por lo que la chica estaba preocupada.

No sabía la manera en la que le diría a su esposo que estaría durmiendo fuera por dos noches enteras, eso era inconcebible para él.

Si ya de por sí, le decía indirectamente que ya debería dejar el trabajo, ahora con esto Valeria estaba segura que casi la obligaría. Se quedó pensando en eso el resto del día laboral. Buscaba la manera de decirlo, sin que le costara el matrimonio.

Al llegar a casa, saludó a su pequeño. Ya su madre lo había llevado a casa y Manuel ya había vuelto del trabajo.

—Mi vida, ¿Cómo te portaste? —le decía mientras lo abrazaba y besaba.

—Bien. Mi abuelo me compró un helado de limón —le decía contento el pequeño.

—¿Sí, mi vida? —lo levantó y lo cargó hasta la sala, donde estaba su marido, le dio un beso de bienvenida y se sentó a su lado.

—Ya debes de ir pensando en dejar ese trabajo, ve la hora que es y aun no hay nada que comer —Valeria sintió un tirón de entrañas, ahora no había sido una indirecta. Esa incomodidad que sentía cada que él hacía un comentario de ese tipo la inundó.

—Bueno, no puedo hacer eso, necesitaría avisar con tiempo, además… —se mordió el labio, pensando en que necesitaba darle la noticia —. Lo que pasa, es que… tendremos unos talleres que son muy importantes para la empresa y son de carácter obligatorio.

—¿Obligatorio? No pueden hacer eso —le dijo algo molesto.

—Si, es que si no asistimos es como si no fuéramos a trabajar, nos descontarán el día —le explicaba.

—Pues que te lo descuenten, servirá para que veas que es mejor estar en tu casa atendiendo a tu familia.

Y con decir “A tu familia”, se refería a él específicamente, él era primero, él era después y él era al final, siempre era él.

—No puedo faltar —le dijo un poco más firme —además serán unos talleres largos, nos pagarán hospedaje para no perder tiempo.

Ahí estaba. ¡Prendió la mecha y soltó la bomba!, estaba hecho, ahora solo esperar la explosión.

—¡¿Qué?! —levantó más la voz, que hasta hizo que el niño volteara a verlo un poco asustado.

—Los talleres duran tres días, así que nos pagan hospedaje por dos noches, terminan demasiado tarde y comienzan a primera hora, no quieren exponer a sus empleados, además de que sales directamente a cenar y a dormir, no veo cual es el problema.

De hecho, no había ningún problema en los talleres ni en asistir, pero en la cabeza de Manuel, no cabía la posibilidad de que su mujer durmiera… “no una noche” fuera de casa, mucho menos dos.

—¿Qué fechas tienen para esa estup1dez? —preguntó bastante molesto.

—A partir del próximo lunes —apenas comenzaba el fin de semana, así que, tenía dos días para hacerse a la idea.

Valeria no estaba dispuesta a renunciar a su trabajo, ni mucho menos a faltar a esos talleres, ya había arreglado con su madre que se quedaría con el pequeño.

Ella se encargaría de él, los días que Valeria no estaría. Su madre le dijo que al fin y al cabo, ya lo cuidaba durante el día y estaba feliz de disfrutarlo por más tiempo.

El lunes llegó, dejando atrás un verdadero dolor de cabeza, lo cual fueron esos dos días de fin de semana. La insistencia de su marido en que no asistiera, casi la convence de no hacerlo.

Pero esta vez no cedería, esta vez, haría lo que tenía que hacer, era simplemente cumplir con su trabajo y nada más.

Qué sorpresas le daría el destino.

La capacitación era en un hotel lujoso de esos en los que tiene varios salones para eventos, un gran lobby con plantas y un restaurante bellísimo. Al llegar, las chicas se dirigieron a recepción y se registraron, obviamente en la misma habitación.

Subieron y se instalaron de inmediato, después bajaron para tomar el desayuno y de eso continuaba al taller.

Cuando ellas iban entrando por el elevador, un par de hombres entraron al hotel.

Uno de ellos, no pudo evitar notar a esa chica hermosa, pero se le perdió de vista al cerrarse las puertas del elevador, no dijo nada, solo se acercaron a recepción a registrarse y hacer lo que todos los demás.

Todo pasaba normal, entre una ponencia y otra, algunas eran didácticas, otras eran tediosas y aburridas, pero todo pasaba como se tenía previsto.

No fue hasta que tenían que hacer equipos para realizar ciertas actividades,que las miradas se encontraron. Tenían que escoger a otros compañeros para hacer la actividad. 

La mirada de Valeria se perdió entre los asistentes buscando candidatos para su equipo, ahí estaba él, pareciera que lo había visto en algún otro lugar, pero la verdad era que no recordaba donde.

Estaba prácticamente babeando, le parecía tan masculino, tan amable cuando le hablaban otras personas, tan agradable, tan guapo, no sabía cuántos adjetivos darle a aquel hombre que había impactado demasiado en ella, solo con verlo.

Y en un segundo, sus miradas impactaron, enviando una corriente eléctrica por el cuerpo de ambos.

Ninguno se explicaba, qué era esa sensación tan extraña. Por su parte, Valeria lo comparaba como cuando te gusta tu profesor o cuando eres niña y tienes un amor platónico, sentía mariposas en el estómago como una adolescente.

Ricardo, no sentía eso desde hace mucho tiempo, ni siquiera con su esposa, simplemente sentía las rodillas temblando.

Les tocó hacer equipo en alguna ocasión, pero todo se limitó a realizar las actividades y a cruzar palabras necesarias para eso y ya. 

El día transcurrió normal, simplemente varios compañeros realizando trabajo en común. Pero las miradas extrañas no faltaron, tanto de uno como del otro.

Ya eso de las 5 de la tarde, todos estaban cansados y con ganas de ir a descansar a las habitaciones, por fin terminó el día de trabajo. 

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