—Hola chicas. ¿Cómo están? —las saludó a ambas, pero siempre poniendo más atención en “su niña”.
—Bien y ¿Tú? —le dijo Maritza.
—Bien gracias Maritza.
Después fue el turno de Valeria, lo besó en la mejilla, aspiró su aroma, esa costumbre rara que ella tenía.
Olía tan delicioso, con la piel en su rostro casi no podía contener las ganas de colgarse a su cuello y plantarle un mega beso ahí mismo frente a todos.
Pero está de más decir que no se podía, solo terminaron de saludar igual que su amiga y