Las traiciones en este momento eran de los males menores. Tenía la esperanza de que pudiera enamorarse de cualquier puta que comiera en los callejones oscuros, sucios y malolientes que frecuentaba. Pero eso nunca sucedió. Siempre volvía a mí... Y nunca dejaba de decirme que me amaba.
Sentí lágrimas corriendo por mi rostro, gruesas, calientes, dolorosas. Jamás lamenté su muerte... Ni la tristeza de todo lo que viví en esos años.
Siempre mantuve en mi cabeza la idea de que tomé la decisión y debo