Nuestros ojos se encontraron y me di cuenta de que había dicho demasiado.
- Yo no quise decir eso. - Me justifiqué.
- Estoy listo. – dijo serio. - Para ambos.
Nuestros labios se tocaron, ligera pero prolongadamente. Apoyé mi cabeza en su hombro y él dejó caer su cabeza sobre la mía.
- ¿Está preocupado? Yo pregunté.
"Solo lo que mi padre hará al respecto, si alguna vez llega a sus oídos". ¿Y tu?
- Yo no sé. Lo siento por causar todo esto. Pero lamentablemente tengo una nube negra sobre mí, llena