Isabela entró al comedor, caminando lentamente, escuchando a los dos hombres y manteniendo el equilibro lo mejor que podía. Las heridas no habían sido profundas como tal, pero su rostro era de los lugares donde menos se coagulaba su sangre y esta al ser muy líquida manchaba dando la ilusión de ser más de la que era realmente.
Su aspecto impactó a la sirvienta que dejó caer la jarra de jugo en sus manos haciendo un fuerte estruendo. Giovani no tuvo que ordenar nada para que ella comenzara a reco