El ceño de Giovani se arrugó tanto que su hermoso rostro se desfiguró en una mueca poco agradable. Sus ojos azules se volvieron tan oscuros que era difícil diferenciar sus pupilas de sus iris. Estaba realmente molesto. No le gustaba la forma en que la mujer le hablaba, lo miraba, el tono que usaba con él.
No lo respetaba para nada.
Y eso lo desquiciaba. Para alguien como él que siempre había recibido respeto desde niño y mucho más después de solidificar su posición, aquello era inaudito. Se i