39. Reencuentro
Serena, visiblemente molesta, sintió que hablaba con personas ciegas a la realidad. Sin embargo, no podía culparlos del todo: no conocían la verdad.
—¡Basta! —ordenó el Rey. Su voz impuso silencio inmediato.
Quería creerle a su hija, pero también debía pensar con claridad.
—Serena, no podemos confiar en los lobos así de fácil. Tal vez debamos buscar otros aliados.
Serena bajó la mirada. Su voz se quebró apenas al hablar.
—Ya no tenemos muchas opciones… —dijo con temor y dudas—. La organización t