Emma
El día se me hizo eterno y agotador. Sentía que las piernas no me daban para más y la cabeza la sentía a punto de estallar. Nunca había trabajado así de mal, con el peso del cuerpo sobre los hombros. Los ojos se me cerraban por sí solos cada cinco minutos. El no dormir bien y ese rico momento me estaban pasando factura.
—Hoy fue un día bastante productivo - mencionó mi jefe llegando a mi lado-. Y todo es gracias a ti, Emma.
—No hay nada que agradecer. Es mi trabajo, pero eso sí, quiero una