Antonella
—Princesa, qué bueno que llegas. —Me abraza Daniela—. El príncipe obstinado acaba de despertar otra vez, pero no nos quieren dejar pasar hasta que los médicos den la orden. Están con él dentro haciendo su rutina. Por supuesto, despertó con una crisis existencial porque no estabas a su lado.
Muerdo mi labio y pego mis manos al pecho tras saber que volvió a despertar.
—Gracias a Dios, Dani —me aferro a ella.
—No podía dejarnos, tonta. Lo amenacé con llevarme toda la fortuna y el muy con