Damián
Al llegar a casa, observo a mis mujeres y a las amigas de Nella reír a carcajadas. Con estas mujeres nadie se aburre. Camino en dirección a ellas y saludo a mi hermosa madre, a mi princesa mayor y luego a mi cielo.
—¿De qué ríen? —Inquiero al sentarme a su lado.
—Cosas de mujeres. Me alegra que estés aquí —contesta mi cielo.
«Si supiera lo estresado que estaba por querer verte.»
—Nosotras ya nos íbamos. —Amelia se pone de pie.
—¿Tan rápido? —Mi princesa le hace cara triste.
—Sí, tenemos