Alana entra al tocador y llena la tina, sus lágrimas caen sin piedad y el dolor se hace presente, no hay espejo para verse, pero se detiene en el lugar que estaba el que destruyó.
«Eres hermosa, no eres defectuosa, eres especial, eres la joya más preciada — se repite una y otra vez en su mente. Marta llega, temiendo lo peor, pero Alana simplemente permanece mirando la pared —, eres una sobreviviente y tu madre es ejemplo de resiliencia, ella te entenderá, mi padre me perdonará»
—Señorita, ¿no