SINCERIDAD Y RECONCILIACIÓN
[MICHAEL]
Hay silencios que duelen más que mil palabras, y eso es exactamente lo que siento ahora.
Desde que llegamos a casa, Jimena no ha levantado la voz ni una sola vez. No ha discutido, no ha reprochado nada, pero tampoco me ha mirado como antes. Se ha centrado únicamente en Bruno, como si ese fuese su refugio. Le dio de cenar, lo bañó, le contó su cuento y lo arropó con ese cuidado que siempre tiene con él. Después, simplemente se fue a la habitación sin decir n