Los barrotes de aquella oscuridad infinita que lo aprisionaban en sus fauces le impedían moverse, esa pequeña y diminuta luz permanecía cerca; flotando sobre él, más allá de los barrotes. Miraba al piso bajo sus pies ignorando aquellas chispas revoloteando a sus espaldas.
Se daba cuenta de que se encontraba allí con él, debido al reflejo que emitía sobre su persona, era una luz cegadora y tranquila, pero se hallaba donde no la podía tocar, tan cerca y tan lejos a la vez. La podría alcanzar con