—Permítame la siguiente pieza. —En los fríos ojos de Lucyan, así como también en los de Sebas, destellaban los brotes de una evidente rivalidad.
—¿Lucyan?, ¿pero qué…? —murmuró Sophie desconcertada, mirando la situación que pasaba ante ella.
—Por favor, permítame bailar la siguiente pieza con la señorita —repitió Lucyan de modo firme con voz segura, actuando con formalidad y educación a pesar de el ronco gruñido que se mantenía prisionero en su garganta.
Sebas parecía igualmente disgustado, L