Raffil se encontraba en la sala, su mente en un torbellino de emociones. Había esperado a Victoria, ansioso por resolver las tensiones que habían crecido entre ellos. Sin embargo, al ver que ella no aparecía, la frustración se transformó rápidamente en enojo. Decidió dejar la casa, sintiendo que la ausencia de comunicación era un muro insuperable. La noche se deslizó sin que él pudiera encontrar consuelo; la soledad lo envolvía mientras caminaba por las calles vacías, reflexionando sobre lo que