- ¡Camina Annette! - exclamó Tristán jalándola del brazo hasta las afueras del Club ante la mirada atónita de todos los presentes, en el piso todavía yacía Strauss sobándose el rostro con la mano, uno o dos mozos estaban a su lado intentando ayudarlo a ponerse de pie.
Annette corría, casi se le salían los zapatos de lo rápido que la arrastraba Tristán hasta que llegaron cerca al auto donde Annette obligó a Tristán que la suelte tirando de su brazo muy fuerte.
- ¡Suélteme, señor Tristán, me hac