Me levanté del sillon donde estaba, acercandome a Alexandre, mientras él retiraba su gran sillon unos centímetros para atrás. Me cogió de la mano acercandome a él, puso sus manos en mi cintura sentandome en la mesa enfrente suya.
—- Túmbate en la mesa y abre las piernas —- me dijo.
—- No quiero hacerlo, puede entrar alguien —- le dije.
Pero Alexandro no se quedó conforme, me tumbó a la fuerza encima de la mesa, cogió mis brazos poniéndolos encima de mi cabeza con una mano, sintiendo su otra man