Segui mirando a mi esposo, sus preciosos ojos que me hipnotizaron, sus labios perfectos y tan deseable, sus dedos dentro de mi moviéndolo mientras salían y entraban de mi vagina, su dedo pulgar, jugando con mi clitoris, que me hacia tener una especie de escalofrío que me estaba recorriendo la espalda, como si quisiera avisar de que algo placentero se acercaba.
—- Mario, estoy "---- quise decirle que estaba a punto de tener mi orgasmo, pero me hizo callar.
—-- Shhhh, no lo tendras, quiero que lo