Julie Peterson
Dominico era un amante dedicado y único. Además era divertido como nadie que hubiera conocido en mi vida.
Sus besos eran magia esparciéndose por mi cuerpo. creo que nunca nadie se habia tomado el tiempo de venerarme tanto. Bajó de mis pechos pasando por mi ombligo, se arrodillo en la cama y con la más pícara de sus sonrisas tomó los hilos de mis bragas para comenzar a bajarla.
—¡Esto si es sexy!—afirmó con decisión y un brillo en los ojos, la pasión y el deseo estaban hacien