Derek Mayer
Mirar la ciudad de New York desde la vidriera de el despacho de la empresa se había vuelto mi único momento de paz, aunque aún me costaba concentrarme solo en la vista.
Mi mente trabajaba tan a prisa recopilando retazos de momentos que me llevaban a siempre al mismo punto… Érika.
Llevaba una semana maldiciéndome por lo bajo. ¿Y como No?
¿Cómo había sido capaz de besarla? ¿Como pude provocarla tanto al punto de decirle que le quitaría a un hijo que no tengo idea si es mío?.