Érika Camel
Aún no me podía creer que este hombre tuviera la poca vergüenza de aparecer frente a mi, después de haberme privado de la más elemental libertad durante 15 días completos. Era una suerte que mi padre no se encontrara
en su habitual horario de visita esta mañana de lo contrario lo sacaría a patadas de la comisaría. La paciencia interminable de Alejandro Camel está llegando a su fin.
Estaba tan furiosa, tan cansada de estar todo el tiempo de mal humor, que no le daría el gusto