Mundo ficciónIniciar sesiónLunes por la mañana.
Lady Audrey llegó a las nueve, su Mercedes precediendo una camioneta grandota con dos tipos grandotes que, tal como Ann anticipara, no querían mujeres metiendo la nariz en su trabajo, especialmente una chica tan corpulenta como una ardilla que parecía recién egresada de la secundaria.
Apenas entraron en la casa de huéspedes, empezaron a hablar de derribar paredes, cambiar baños de lugar y hacer esto o aquello. Cuando traté de hablar, Lady Audrey me palmeó el







